Entorno natural

A tan sólo una hora de viaje desde Madrid, en el corazón de la Sierra de Guadarrama se encuentra el Valle de Lozoya, uno de los paisajes serranos más singulares de la Comunidad de Madrid.

Vista del Valle del Lozoya

El valle se extiende a lo largo de casi 20 kilómetros en dirección suroeste-noreste, con una anchura variable, pequeña en sus extremos, máxima en el centro donde llega a alcanzar 5 km. Éste sería el único valle de la Sierra de Guadarrama que estrictamente merecería tal nombre: solo aquí se tiene la sensación de estar completamente rodeado de montañas que aíslan un espacio amable surcado por el río Lozoya, protagonista del paisaje la vida del valle.

Pero no se trata de un valle labrado por la acción del río, sino de un valle tectónico donde los elementos del relieve se han movido como las teclas de un piano. El valle por donde discurre el río y se asientan los núcleos de población -la tecla hundida, fosa tectónica o graven– queda enmarcado por dos masas montañosas: los Montes Carpetanos al norte y la Cuerda Larga y sierra de Canencia al sur, teclas elevadas o horsts.

Circo glaciar de El Nevero

Se trata de un valle alto, serrano, cuya altitud no baja de los 1100 m. Los desniveles del fondo respecto a las cumbres circundantes no bajan de los 600 m. Las huellas geomorfológicas que han quedado en la zona atestiguan que, al menos durante el cuaternario, el frío fue más intenso. Nos referimos a los ejemplos de glaciarismo que orlan las cumbres montañosas que rodean el valle. Los más perfectos y desarrollados se hallan en los Montes Carpetanos. Circos, morrenas y lagunas glaciares permanecen como formas más evidentes de este tipo de modelado frío. El principal aparato glaciar de la zona es el conocido conjunto de Peñalara.

A las excepcionales características descritas hasta ahora, hay que añadir, referente al ámbito geológico: la persistencia de unos materiales calizos, datados como cretácicos, casi en el fondo del valle, prueba evidente de que el mar cubrió también esta zona.

Vegetación

La zona baja del valle, hasta una cota aproximada de 1200 m, estaría ocupada por el encinar y las fresnedas. La encina vive bien en lugares secos y soleados, por lo que no es muy abundante en el valle. Los principales rodales de encinar los encontramos en las solanas, como ocurre en la ladera sur de El Chaparral, en Lozoya.

Aprovechamiento de los fresnos

Por otro lado, los fresnos son árboles que necesitan una humedad grande en el subsuelo. Esta es la causa de que el fondo del valle estuviese ocupado por frondosas fresnedas, sin embargo, el terreno donde crecían los fresnos, al ser muy fértil, ha sido intensamente utilizado por los habitantes de la región. Así, tras talar buena parte de los árboles, se han obtenido pastos en los que los fresnos forman las lindes o salpican, adehesados, los pardos y huertas. El embalse ocupa actualmente una importante extensión de tierra antes ocupada por estos árboles.

El abandono de los pastos y de las huertas, da lugar al paso de los zarzales y de los juncales en las zonas más húmedas. Los olmos, árboles que habitualmente crecían junto a los fresnos, casi han desaparecido por la epidemia de grafiosis de los últimos años.
El siguiente piso de vegetación, tiene una mayor entidad que el anterior. Se trata de la franja de melojar -bosque de roble melojo- que se extiende entre los 1200 m. y los 1700m. de altitud de forma natural. Estos bosques frondosos y espesos, se mezclaban con acebos, abedules y tejos en lugares umbríos, hoy ocurre en muy pocos lugares.

La intervención del hombre ha alterado mucho la fisionomía espontánea del bosque melojar, por el ganado, por la obtención de leña y carbón vegetal, por las talas y por último, la más drástica de las modificaciones: la sustitución del melojar por repoblaciones y plantaciones de pino silvestre.

Robledales en el valle

Cuando hay cauces de agua próximos, los melojares son sustituidos por sauces, arraclanes, álamos temblones y fresnos. Cuando el robledal se degrada, aparecen las llamadas etapas de sustitución, formaciones vegetales con menos biomasa: el brezal, los cambronales, la retama, los helechos y el cantueso.

El siguiente piso que encontraríamos sería el correspondiente al pino silvestre, mezclado con el enebro rastrero. Estaría entre los 1700 m. y los 2100 m. Pero como acabamos de ver, los pinos se plantan hasta los 1400 m. con lo que su área actual es más extensa de la que le correspondería de forma natural. No es de extrañar que sea así: la explotación madederas una actividad con gran importancia económica en el valle. El pino ha arrebatado al melojo, y en estos lugares encontramos a menudo helechos comunes, especie típicamente indicadora de que el bosque original fue un melojar. Pero no siempre los pinos ganan terreno, el hombre los ha talado para obtener pastos de altura y para las instalaciones deportivas.

Pinares

Según ascendemos hacia el límite superior del pinar iremos encontrando menos pinos, retorcidos por la acción del viento y la nieve, y más enebros rastreros y piornos serranos. Más arriba los pinos acaban por desaparecer y, después, también se dejan ver los arbustos. Estamos en los límites del último piso de vegetación de nuestra sierra: el cespedal de las cumbres, que se desarrolla en lugares donde las condiciones climáticas son durísimas, tapizando las cumbres situadas por encima de los 2100 m de altitud. Las especies más representativas son las gramíneas duras y poco jugosas: rompebarrigas y cervuno. El cespedal de las cumbres ha sido el piso vegetal menos alterado por la acción del hombre, salvo por el pastoreo de algunas reses los meses más cálidos del año.

La Naturaleza en Lozoya nos permite observar todo tipo de ambientes. Iniciando un paseo por el río Lozoya, por debajo del embalse encontramos la vegetación de ribera con los álamos temblones, sauces o fresnos, a veces en suaves praderas, en otras ocasiones en abruptas gargantas. El siguiente estadio natural que encontramos, es el bosque de melojar o robles rebollos, con presencia de abedules y acebos.

Según nos elevamos, el pinar se adueña del paisaje; que cede su paso, en las altas cumbres, al piorno serrano, el enebro rastrero y más arriba a praderas de alta montaña. Además, en el Chaparral, hallamos el único Sabinar de la Comunidad de Madrid, vestigio de las épocas glaciares. La vida animal se reparte por todas estas áreas: desde las Cigüeñas, a las aves acuáticas del fondo del valle; a los piquituertos y carboneros garrapinos de los pinares; y por supuesto la recuperada presencia de buitres y otras aves rapaces. Dentro de los mamíferos se pueden encontrar nutrias, ardillas, jabalís o corzos.

Río Lozoya por debajo del embalse
Arroyo serrano
Vista del embalse
Orillas del embalse

El paisaje de Lozoya viene conformado desde tiempos muy antiguos, cuando los movimientos de tierra elevaron las cumbres de los montes Carpetanos, con fuertes desniveles entre los picos y el fondo del valle. En la actualidad, todavía se pueden apreciar los efectos de las glaciaciones del periodo cuaternario, en la zona del Pico del Nevero, donde la nieve aguanta hasta el verano.

La visión viene muy marcada por la moderna presencia del embalse, en cuyas aguas podemos apreciar con facilidad el reflejo de los montes que la rodean. Sus orillas sirven de lugar de paseo y encuentro, desde las cuales podemos apreciar desde los patos nadando a la estampa de caballos y vacas pastando en los prados. Existe una gran red de arroyos y fuentes naturales, con un agua de muy alta calidad que ha hecho famosa ha esta localidad.

Pisos y especies vegetales

Encinas: en altitudes bajas, sobretodo en las dehesas de Madrid, hasta los 1000-1100 m en la Sierra.

Fresnos: En zonas más frescas que la encina. Desde antiguamente usados para el ramoneo: quitar ramas y podarlos en verano por falta de pastos verdes para que luego brote rápidamente. Esto hace que se modelen y sean diferentes a la crecida natural. Usos: leña, carbón, ganadería.

Melojar-Robledal (Quercus Pirenaica): ocupa bastante extensión, 1000-1600 m de altitud, dependiendo de la orientación de la ladera. Es un piso alterado por su uso y por el siguiente piso vegetal (pinar). Usos: carboneo, pastoreo.

Bosques de galería y de ribera: A diferentes cotas de altitud y mezclados con los demás pisos encontramos bosques de galería, de ribera en los tramos altos, medios y bajos de los ríos y, dependiendo de la altitud, tenemos en cotas más o menos altas sauces, sarga y mimbreras. En cotas más bajas encontramos alisos, que enriquecen el suelo con nitrógeno, álamos y chopos (álamo temblón autóctono de la zona).

Musgo en la nieve

Pinar silvestre: 1400-1800 m de cota en el Sistema Central, pero ha bajado y subido de altitud por las repoblaciones. En las cotas más altas pueden aparecer los denominados «pinos retorcidos» por su característica forma creada por los fuertes vientos en altura. En zonas de pinos jóvenes podemos ver pinar bajo y denso para favorecer las condiciones del microclima (vivero). Se realizan entresacas para que sobrevivan los mejores ejemplares, eliminando los árboles que crecen demasiando juntos. Aparecen mezclados con helechos en la parte baja de los pinares.

Piornal: matorral de altura arbustivo de leguminosa. Modelado muy almohadillado como protección frente a la climatología (enebro rastrero).

Pastizales de alta montaña: Pasto bajo aprovechado para uso ganadero en temporada estival. Principales especies: granídeas (cestuca o «Rompebarrigas» y Nardus Stricta).

Líquenes: aparecen adosados a las piedras desnudas y a las cortezas de los árboles en zonas de gran altitud.

Árboles singulares en Lozoya

Abeto del Cáucaso de Peña Alta (Abies Nordmanniana): en el margen derecho del acceso a la zona recreativa de Peña Alta Km 6.900 de la ctra. M- 637, su edad se cifra en 100 años.

Abeto rojo de la Cebedilla I y II (Picea Abies): a la altura del Km 9.300 de la ctra M-637, por un camino que sale a la izquierda a menos de 1 Km se encuentra el antiguo vivero de la Cebedilla.

Abeto Douglas de la Cebedilla I y II (Pseudotsuga Menzies): a la altura del Km 9.300 de la ctra M-637, por un camino que sale a la izquierda a menos de 1 Km se encuentra el antiguo vivero de la Cebedilla.

Ciprés de Lawson de la Cebedilla (Chamaecyparis Lawsoniana): a la altura del Km 9.300 de la ctra M-637, por un camino que sale a la izquierda a menos de 1 Km se encuentra el antiguo vivero de la Cebedilla. Dos ejemplares junto a los abetos antes mencionados y otro en el Km 8.

Sabinas y enebros

Ciprés de Lawson de la curva del puente (Chamaecyparis Lawsoniana): subiendo por la M-637, a la altura del Km. 8, a la izquierda, por el camino que lleva a la majada «Los Cardos», antes de llegar al Arroyo Navarejo.

Enebro (Juniperus Oxicedrus): Muy abundante en los Canalizos, en la Umbría, subida al Chaparral. El más singular es de Miera, y se ubica sobre un roquedo. Edad cercana a los 350 años.

Sabina Albar (Juniperus Thurifera): Aquí en el municipio, en la zona denominada la Solana, en el cerro El Chaparral, existe un enclave muy singular, donde forma masa arbórea mezclada con enebros de la Miera y encinas. Es donde se encuentran las sabinas de mayor talla y longevidad de la Comunidad de Madrid, la mayor tiene una edad aproximada de 260 años.

Rebollo de la Maleza (Quercus Pyrenaica): subiendo por la carretera, de la Fuensanta tomamos el camino que sale en la Curva de la Paloma hasta haber recorrido unos 4,8 Km. A la derecha sale una trocha por la que bajaremos unos 80 m y a la derecha a unos 10 m le veremos. En el paraje La Maleza.

Nogal (Juglans Regia): son varios los ejemplares significativos en el pueblo, en especial, citaremos dos en la calle Norte y uno en la Ctra. de la Fuensanta, frente a los lavaderos públicos (ahora Casa de Cultura), pasan de los 100 años.

Tejo: en la Fuente de los Claveles.

Pino de Lord Weymouth (Pinus Strobus) : en el antiguo vivero forestal de la Cebedilla, dentro de la masa de coníferas exóticas. A la altura del Km 9.300 de la ctra M-637,por un camino que sale a la izquierda a menos de 1 Km se encuentra el antiguo vivero de la Cebedilla.

Fauna

La notable diversidad de ambientes que, en general, caracteriza a las zonas de montaña, unida al buen estado de conservación de la mayoría de los paisajes del valle, favorecen la existencia de una fauna rica y variada.

Buitre negro

En las zonas altas, donde las praderas alpinas y el piornal alternan con las áreas en roca viva, la fauna presenta un comportamiento claramente estacional. En el invierno una espesa capa de nieve cubre las cumbres, limitando la vida animal; sin embargo, también podemos descubrir sobre las cuerdas la silueta del buitre leonado, mientras las ruidosas chovas piquirrojas vuelan junto a los cantiles de Peñalara y los Claveles. Tras el deshielo, el canto del acentor común inunda el piornal, los anfibios evolucionan junto a las pozas y la lagartija serrana se solea entre las piedras.

En el pinar van y vienen buscando alimento multitud de pájaros forestales, como el carbonero garrapinos, el herrerillo capuchino, el trepador azul o el piquituerto. Aquí y allá aparecen restos de piñas comidas por las ardillas rojas. En las zonas más apartadas tiene uno de sus últimos refugios el escaso buitre negro.

Gineta

En los densos cambronales abunda el jabalí, favorecido por la ausencia de predadores naturales. A la noche, en el melojar, puede oírse el lúgubre canto del cárabo y sorprender al erizo o al zorro en sus correrías. Más difícil resulta percibir a la gineta, que se esconde en las oquedades del arbolado cuando asoma el día.

En las zonas húmedas del fondo del valle se encuentran con facilidad, a finales del invierno, la salamandra y el tritón jaspeado. En el río, el mirlo acuático y la lavandera cascadeña habrán de vigilar con atención las excursiones del visón americano, un recién llegado que puede causar problemas en el equilibrio de la vida fluvial.

Corzos
Cárabo
Sapos

La entrañable cigüeña ocupa cada año sus nidos en los fresnos que salpican los prados. Aquí los setos son refugio para una fauna variada entre las que destacan las mariposas, pequeños mamíferos y pajarillos. En los pueblos cercanos no falta el potente canto de los estorninos y, cada primavera, el vuelo fácil de las golondrinas.